¿Se puede querer y odiar a una persona al mismo tiempo? Muchas veces me he realizado esa pregunta, pero nunca he hallado respuesta.
Supongo que será una de esas extrañas cosas que nos gustan al ser humano. ¿Querer y sufrir por ello? Más común de lo que pensamos, creo yo. Debemos ser unas especies de máquinas masoquistas que cuanto peor lo pasan mejor funcionan.
Nos enajenamos en querer a las personas que menos nos convienen. Cuanto más daño parece que nos van a hacer, más dependencia sentimos hacia ellos. Más necesidad de verles, más necesidad de estar a su lado. Cuanto más bordes son con nosotros y peor nos tratan, más intentamos excusarles.
Uno de los grandes problemas es que nos negamos a aceptar esta situación y no la abandonamos. Otra es que cuando empezamos a hacerlo, vuelven sin avisar para tirarte por la borda todos tus avances.
Te odio, de verdad que te odio muchísimo. Odio que cada vez que dejo de pensar en ti durante más de dos días vuelvas a hablarme como si nada. Odio que cada vez que vuelvo a hacerme una mínima ilusión de que estemos como siempre, tu maldita bipolaridad la rompa en mil pedazos. Odio que me hables con indiferencia y al día siguiente sea todo lo contrario. Odio muchas de las cosas que haces, te odio a ti. Y aun así ¿qué? Lo que más odio es que realmente sé que no es así, que en lo más hondo de mi te tengo aprecio, y puede que más que eso, si seguramente más que eso, pero ya sabes, esa manía mía de no pronunciar esas dos palabras.
Love u, but I hate u too.
No hay comentarios:
Publicar un comentario